comedor

Sin miedo al color

¿CON QUÉ COLOR DEBEMOS PINTAR EL INTERIOR DE CASA?

Hace unos días estuve hablando con un grupo de amigos acerca de cuál es el color ideal para pintar las habitaciones de un hogar. Resulta que uno de ellos se sentía bloqueado a la hora de elegir color para su recibidor; había probado cuatro colores diferentes y ningún resultado conseguía convencerle. La conversación sobre los colores no llegó a ningún acuerdo y es que las opiniones sobre este aspecto son inmensamente heterogéneas. Ya lo dice la expresión: «para gustos, colores».

El primer color que se barajó como aliado de las paredes, por supuesto fue el bienamado blanco y su indiscutible cualidad de combinar con todo. No voy a ser yo la que se oponga a esta obviedad.

Quienes no comulgaban con el blanco alegaban que no hay nada como la elegancia y neutralidad del gris. No obstante, con este color se corre el riesgo de resultar muy sobrio.

¿Recurrimos entonces al color? En tal caso, ¿cuál? Se habló del beige: un color distinguido con el que se debe jugar con cuidado, ya que al elegir el tono este puede resultar demasiado rosa, o por el contrario muy apagado si tiende al marrón.

¿Y si utilizamos los tonos pastel para dar un toque de color? Así que salió a colación el turquesa, un color que estuvo muy de moda en las paredes de los hogares hace algunos años. En este punto mi amigo confesó que había probado todos estos colores y que fue un horror cuando al terminar de pintar se dio cuenta de que este color resultaba demasiado cargante para un recibidor tan pequeño.

¡Caos! ¿Qué hacemos? ¿Cuál es la solución? Pues aprovechando otra frase hecha: «sobre gustos no hay nada escrito», con vuestro permiso os voy a contar (y escribir) mi humilde opinión sobre el uso del color en las paredes (que por supuesto puede diferir mucho de la opinión de muchos otros mortales, ¡Dios me libre de que no sea así!).

Habrá a quienes les gusten los colores más claros, como el blanco. Pero siempre que uno se decante por las paredes de este color, habría que aportar a la habitación diversos toques de color bien sea con los muebles, los textiles o los complementos decorativos.

Una cosa que yo odio de las habitaciones blancas, es que todos los elementos se contagien de la pureza de este color y acaben convirtiéndose en estancias asépticas y níveas. Este estilo minimalista tan pálido tuvo muy buena acogida durante los primeros años del siglo XXI. No obstante, mi opinión es que las casas deben tener vida, y estos ambientes tan inmaculados son más propios de un laboratorio que de un hogar acogedor. Obviamente, esta es una opinión que no todo el mundo comparte; lo asumo, ¿pero qué esperabais de alguien que vive en una casa con el color como protagonista?

comedor
¿Quién se atrevería con un color rojo intenso para su comedor? Pues sinceramente, nunca me he arrepentido de haber escogido un color tan apasionado.

 

Así pues, si finalmente nos decantamos por unas paredes con color en lugar de blancas, primero debemos pensar si las deseamos en colores claros (que implican menos riesgo) o si por el contrario atreverse con tonalidades más intensas (¿por qué no?).

Mucha gente os dirá que los colores suaves son infinitamente mejores porque se comen menos la luz, porque será menos probable que nos cansemos de ellos, porque hacen que las habitaciones parezcan más grandes y mil y una razones más. Yo aquí discrepo, y una vez más me explicaré relatando una anécdota personal para ilustraros lo que quiero decir.

LA ANÉCDOTA DEL PASILLO

Hace unos años mi madre quiso renovar el color del pasillo de su casa con un color distinto del blanco. En algún sitio vio que el color amarillo le podía ir bien a esta pieza de la casa y entró en una tienda de pinturas dispuesta a llevarse un bote de un color bonito de esta tonalidad. Una vez allí, la dependienta la convenció de que uno se aburre pronto de los colores fuertes y que lo mejor es el tono más claro posible del color escogido (es decir, en este caso sería un color blanco con un ligero toque de amarillo).

Mi madre volvió a casa con pintura suficiente como para renovar el color del pasillo ese mismo fin de semana. Nos consagramos durante dos días a finalizar la mágica transformación y cuando al fin terminamos, el pasillo tenía prácticamente el mismo aspecto que antes de empezar. ¡El pasillo seguía siendo blanco! Bueno, matizo: blanco sucio.

Para cerciorarnos de que aquella decepción no era cosa nuestra, mi madre le preguntó a una amiga de la familia de toda la vida: «¿Qué te parece el nuevo color del pasillo?», ella se acercó a la pared con cara de concentración y dijo llena de la honestidad que la caracteriza: «Bueno, si lo sabes y te fijas, sí que se nota que es un poco más amarillento». Aquel comentario era definitivo: todo un fin de semana entre brochas, rodillos, papel de periódico y horas de trabajo y ¡el cambio no era apreciable a simple vista!

En menos de un año mi madre volvió a ir a la tienda de pinturas para pedir otro color. Esta vez sin aceptar colores más rebajados o apastelados que el que ella tenía en mente. Ahora su pasillo tiene una tonalidad mucho más intensa, pero lleva más de diez años con ese color sin arrepentirse de haberlo elegido.

color pasillo
Color definitivo del pasillo de mi madre

¿Conclusión? Si un color te gusta, no dejes que nadie te haga cambiar tu opinión sobre él. Debes elegir un color que te guste mucho, puede ser tu color favorito o simplemente uno que te apasione para la habitación en cuestión. Y una vez lo tengas claro en tu mente, no te dejes convencer por otras opiniones. Medias tintas nunca fueron buenas en cuestiones de color: si te gusta el amarillo, adelante; no te conformes con un color hueso. Si te entusiasma el naranja, no te doblegues ante un salmón pálido.

Si es el color que tú deseas, ¡ánimo!. Al fin y al cabo, ¿quién va a vivir en tu casa? ¿tú o los demás…? Pues entonces, tienes que rodearte de aquellos colores que te hagan sentir bien a ti, colores con los que te sientas identificad@, que te entusiasmen y con los que te encuentres ¡como en casa!

LA PRUEBA DE LA INFANCIA Y LOS SUEÑOS

¿Y cómo podemos descubrir si un tipo de decoración va con nosotros o no? Para mí, una prueba irrefutable es recordar cómo me imaginaba mi futura casa durante la infancia y la adolescencia. Lógicamente, hay que hacer una interpretación sensata de aquellas proyecciones de entonces (no vale llenar toda la habitación de Pinypon o de pósters de las Spice Girls).

Pero por ejemplo, en mi caso, siempre me imaginé la cocina en color amarillo o naranja, ¿no dicen que estas tonalidades transmiten energía y son capaces de inspirar a la hora de trabajar?. Obviamente, en aquellos momentos no imaginaba mi cocina exactamente igual que como es ahora, pero esa idea me ayudó a proyectar una base de lo que yo deseaba. Así que, ¿por qué no dar un homenaje a aquellas expectativas de la infancia?

cocina

Al igual que estas pequeñas ilusiones que imaginamos cuando somos más jóvenes, también nos pueden ayudar mucho los sueños en los que determinada estancia nos hace sentir a gusto sin saber muy bien porqué nos transmite esa sensación.

Evidentemente, podemos extender esta intuición inconsciente a los avisos de la vida diaria en que sentimos este click que indican a nuestro cerebro de que por alguna razón nos encontramos en paz y armonía. Cuando entramos en una habitación en la que detectamos esta sensación de bienestar nuestro subconsciente nos dice que podríamos vivir en un lugar como ese y lograr sentirnos bien. De esta manera, seguir nuestra intuición es una forma fácil de averiguar qué decoración nos convence más y nos “mueve algo” en lo más profundo de nuestro corazón.

CONCLUSIÓN: NO TE DEJES AMEDRENTAR Y SIGUE TUS INSTINTOS

Tus gustos son tuyos, y de nadie más. Pero tu casa es el lugar donde tú vas a vivir. Así que en ella debes sentirte cómodo y acogido con las cosas que a ti te gustan. Investiga sobre qué es lo que te hace sentir bien y aplícalo en tu hogar.

*Matizo esta afirmación para evitar “malos rollos de convivencia”: la decoración y colores de tu hogar, deben hacerte sentir a gusto tanto a ti como a las personas que viven contigo en tu hogar. Anotado queda este apunte para evitar que luego me podáis responsabilizar a mí de descacuerdos conyugales y convivenciales.

Aquí os dejo en un mundo de ensoñaciones naranjas (mi dormitorio). Un color arriesgado para la habitación del sueño, pero que en combinación con el blanco consigue quedar muy armonioso.

Un abrazo fuerte y hasta el próximo post 😉

dormitorio naranja

¡POR CIERTO! SE ME OLVIDABA:

Si os estabais preguntando por el color definitivo por el que mi amigo se decantó para su recibidor y con el que ¡al fin! parece estar convencido… ese color es el ocre suave. Esperemos que esa decisión sea la combinación perfecta para la entrada de su casa.

¿Y a vosotros qué colores os gustan más? ¿Con cuáles os sentís identificados? ¿Los habéis aplicado en vuestro hogar? Espero impaciente vuestras respuestas.

Un beso a tod@s 🙂

Comments: 6

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